
La chihuahuense declaró que desde niña recorre cientos de kilómetros a la semana, solo para cubrir sus necesidades básicas
Daniel Coronado / El Heraldo de Chihuahua
La figura de Lorena Ramírez, atleta rarámuri originaria de la Sierra Tarahumara, se convirtió en símbolo de resistencia y orgullo durante el Ultramaratón de Hong Kong, donde no solo completó los 100 kilómetros de la exigente carrera sino que compartió una frase que recorrió el mundo: “Desde que soy una niña camino muchos kilómetros en la sierra para conseguir alimento”, dijo al cruzar la meta. Con esas palabras, simples y profundas, puso en el centro de la conversación global la vida de quienes desde pequeños recorren grandes distancias no por deporte, sino por necesidad.
Para quienes no conocen la Sierra, el mero acto de caminar tiene un sentido distinto: allí, en comunidades aisladas de Chihuahua, hasta el 84 por ciento de la población vive en pobreza, y cerca del 41 en pobreza extrema, según datos de la Fundación Tarahumara. Estas condiciones se traducen en carencias múltiples (acceso limitado a agua, salud, educación y empleo) que empujan a muchos a desplazarse por kilómetros en busca de lo más básico.
Los números pintan un cuadro duro. En varios municipios serranos como Batopilas, Morelos y Uruachi, hasta nueve de cada diez habitantes viven en pobreza, y en muchos de estos lugares más de tres de cada diez personas padecen hambre, de acuerdo con mediciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Al mismo tiempo, la dispersión geográfica y la falta de infraestructura complican la vida cotidiana: para muchos niños y jóvenes asistir a la escuela significa caminar horas, una batalla diaria antes de que siquiera comience la clase.
En este contexto, las palabras de Lorena resonaron no solo como la de una atleta, sino como el eco de un pueblo que ha transformado la adversidad en fortaleza. “Todos los días, desde que soy una niña, camino muchos kilómetros, para buscar alimento y visitar a mis abuelos o mis tíos”, relató Ramírez tras la carrera, y sus palabras tocaron el corazón de quienes quizá desconocían que para ella correr no es solo deporte, sino una extensión de la vida misma.
A pesar de estas dificultades:hambruna, incomunicación y falta de servicios básicos, los rarámuris han demostrado una resistencia extraordinaria. Su habilidad para correr largas distancias no nació en un gimnasio ni en pistas pulidas, sino en la cotidianidad de kilómetros a pie por senderos serranos, cargando sacos de maíz o caminando horas por agua. Estas pruebas diarias han forjado corredores que rivalizan con atletas de élite mundial sin la protección de tecnología o entrenamiento convencional.
Sin embargo, no se puede ignorar que esta capacidad física está arraigada en necesidades estructurales. Familias enteras se enfrentan cada día al hambre y la falta de oportunidades. En los municipios más afectados de la Sierra, más de 100 mil personas carecen de acceso adecuado a alimentos, obligando a hogares enteros a racionar o saltarse comidas para asegurar que los niños coman primero.
Hoy, la comunidad rarámuri está en el centro de la agenda pública, no solo por sus triunfos deportivos, sino porque estos éxitos permiten visibilizar la urgente necesidad de atención social y políticas públicas que combatan la marginación histórica de la región. El mundo celebró a Lorena en Hong Kong, pero al mismo tiempo muchos comenzaron a hacerse preguntas sobre por qué una corredora de clase mundial creció en un entorno donde caminar kilómetros era sinónimo de supervivencia.
La historia de Lorena Ramírez, como la de tantos en la Sierra Tarahumara, es narración de resistencia y dignidad. Sus pasos en Hong Kong fueron rápidos, pero evocaron los pasos diarios de toda una comunidad que camina para sobrevivir. Que su logro no solo inspire medallas, sino compromiso y acción a favor de una mejor vida para quienes desde siempre han corrido por necesidad.






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