Ricardo Urquidi

A Vichy

El que puso la vara muy alta

Novena de nueve partes…

Conforme transcurre la última semana del Abierto de Estados Unidos, Cipriano empieza a analizar a Roberto en su faceta de tenista, su sentido común le dice que gran parte del éxito de su hijo, radica en el aspecto mental, como en la situación más adversa cuando todo juega en su contra, saca el punto, el juego, el set, el partido, asimila que si bien el béisbol y el tenis son deportes diferentes, uno colectivo y otro individual, siempre el atleta realmente libra una batalla jugando contra sí mismo, que solo el carácter es lo que lo hace diferente a su rival, se imagina que si él hubiera sido igual de obsesivo en trasmitirle a su hijo un deporte ajeno al béisbol, Roberto también lo habría dejado por su actitud, sabe muy bien que a Roberto le es indiferente su presencia, porque sabe que no puede opinar en el tenis, no lo puede presionar, no lo puede apremiar, simplemente porque desconoce los detalles finos del tenis, lo importante es que ya llego a la final, se promete así mismo no emitir una opinión, instrucción, recomendación a Roberto cuando comience a jugar con los Yankees.

El domingo 8 de Septiembre, Roberto juega la final, va contra un italiano, joven al igual que el en sus principios en el tenis, viene empujando fuerte, no solamente van por el título del Open USA, también se disputa el título de número uno, si el italiano gana Roberto lo desbanca del ranking mundial, en el año se han enfrentado dos veces, en las dos ha ganado el parralense, a pesar de un bajón en el tercer set, Roberto gana el Open en tres sets; Luego de aplaudir con la raqueta, agradecer al público su apoyo, sus aplausos, Roberto va al centro de la cancha a la formal entrevista, donde señala lo duro que fue ganar al italiano, antes de que concluya sus palabras, pide un favor: “Si me permites, aquí en las gradas esta una persona que quiero mucho, quisiera llamarla”, a sabiendas de donde se localiza su familia, con el micrófono llama a Nani, le pide que baje a nivel de cancha, tímida, desconcertada, la novia del número uno, baja, al tenerla enfrente, como si fuera a sacar una pelota de su bolsillo, saca un anillo y se hinca, para en español empezar: “Hace tres meses cometí un error, al afirmar que eras mi novia, sin habértelo pedido, no quiero cometer el mismo error: “Quieres casarte conmigo?”, la multitud rompe en ovación, Nani con la mano lo invita a levantarse y le da un beso, la familia Orihuela empieza a saltar de felicidad, Carmela rompe en llanto, Cipriano voltea a ver a Alejandra y los dos se funden en un abrazo, a casi cuatro mil kilómetros los Padres de Nani, hacen lo mismo.

Después de una cena, de celebrar la próxima boda, Roberto cambia su canal interno, mañana debe reportar con los Yankees, en casa tienen serie contra los Royals de Kansas City, Michael lo ha presionado para acudir entrevistas a cadenas nacionales e internacionales, Roberto lo para en seco, su llegada a Grandes Ligas no tiene un fin mediático, es un compromiso que adquirió desde que jugaba en las ligas infantiles en Parral, ahora su mente y su cuerpo deben estar preparados, por lo que resta del año, cuando menos hasta noviembre, no va a participar en ningún torneo, su enfoque esta con los Yankees, al llegar al club house, lo reciben sus compañeros, todo mundo quiere abrazarlo, felicitarlo por su victoria en el US Open, por su próxima boda. lejos observando Aarón Boone espera ser el último para meterlo a su oficina: ”Muchas Felicidades…ahora vamos a lo que nos importa… junto con Matt, hemos decidido que nos puedes ayudar a partir de la sexta, séptima entrada, te queremos llevar poco a poco, llegas a final de temporada y es difícil encontrarte un lugar conociendo que siempre has sido abridor, espero que le prepares la octava y novena a tus compañeros”, Roberto se imaginaba que era poco probable que los Yankees le dieran una posición de abridor, con respeto contesta: “Yo estoy aquí para ayudar, adonde quieras que tu creas, ahí voy a estar”.

El miércoles 11 contra los Royals, Roberto es llamado del bullpen en la séptima con el partido ganado, va contra Salvador Pérez, receptor, después de ubicarse en el montículo, trata de ubicar a su familia en las gradas, con pelota en mano los saluda, se dice así mismo: “Roberto ya estás en Grandes ligas, por favor no la vayas a regar”, saca la séptima y la octava en 18 lanzamientos, dos ponches, dos elevados y dos rolas al cuadro, le deja la novena a Clay Holmes, los Yankees ganan, Cipriano dirige su mirada al cielo y agradece, sus sueño se ha cumplido.

El sábado 14 contra los Red Sox, Boone jala a Roberto en la séptima con una carrera de ventaja, dos outs, hombre en tercera, va contra Trevor Story, short stop de los bostonianos, lo poncha con un slider a la esquina de afuera, Boone se rasca la mejilla, después de todo no ha sido una mala inversión el parralense, Cipriano emocionado hasta las venas, vive los momentos como si fuera el, el protagonista; Los Yankees salen de gira, en el otro extremo, en Seattle, Washington, el parralense viene otra vez en la séptima, es el primer relevo, su primer rival es Randy Arozarena, lo domina con una línea pegada a la barda del izquierdo, Verdugo lo salva de un extra base, Roberto en señal de alivio, echa el aire, después domina Luke Railey y a Justin Turner, hasta el momento Roberto tiene 0.00 de carreras limpias, Cipriano en Nueva York, festeja la actuación; el domingo 22 con una mala salida de Marcus Stroman, Boone lo jala desde la quinta, Roberto por primera vez en la gran carpa, lanza tres entradas seguidas, le conectan su primer hit, pero no le anotan, sigue su racha inmaculada, en México sin llegar a los niveles de la Fernando manía, empieza un furor por ver el rey de los deportes, por seguir las actuaciones del parralense.

El miércoles 26, ante los Orioles, líderes de la división este, rivales en el liderato de los Yankees, nuevamente Roberto saca tres entradas, mantiene la ventaja para que los Yankees se ubiquen en el primer lugar a menos de una semana que concluya el rol regular, otorga base por bolas, le conectan hit, pero en el momento clave, cierra la puerta, sigue sin que le anoten, Matt Blake coach de pitcheo de los bombarderos del Bronx, le aconseja a Boone que considere a Roberto como abridor, su jefe le pide que analice a Roberto como cerrador, los dos coinciden en algo, Roberto no es relevo largo.

Después de una encarnizada batalla contra los Orioles, los Yankees se quedan con el título de la división este de la Americana, esperan su rival que saldrá de la serie de comodín, son los Mellizos de Minnesota sus rivales, Roberto ante los altibajos de Clay Holmes como cerrador y ante la rotación de abridores sana, en la postemporada se convierte en el cerrador de los Yankees, en la serie divisional cumple con tres salvamentos, los Yankees pasan a la serie de campeonato, son los Guardianes de Cleveland sus rivales, nuevamente Roberto no defrauda, su record de carreras limpias sigue en 0.00, los Yankees van al Clásico de Otoño contra los Dodgers de Los Ángeles.

Cipriano vive un sueño, Alejandra lo comparte, sus hermanas lo festejan, Nani empieza a saber cómo convivir con un atleta, no alcanza a comprender como una persona puede quererla tanto, con tan solo tres meses de haberse conocido, en sus pláticas intimas Roberto le promete hacer un espacio, ir a Parral y formalmente pedir su mano, todo el contingente Orihuela, incluyendo a Manolo, ya son vecinos de Nueva York, desde que acudieron a ver a Roberto por primera vez en el US Open, ya no cambiaron su residencia, en Parral en el transcurso de la postemporada, cada vez que ganaban los Yankees, la Puerta del Tiempo, es una verbena popular, los autos hacen un recorrido hasta la Glorieta de Pancho Villa, nadie quiere ser ajeno de las actuaciones de Roberto, ahora viene el último paso, el Clásico de Otoño.

La Serie Mundial comienza en el Chávez Ravine, los Yankees pierden el primero, Roberto ante el margen de carreras, no tiene participación, lo guardan para una mejor oportunidad, en el segundo ganan los Yankees, lo salva el parralense a pesar de que le hacen una carrera, su inmaculado PCL desaparece, el tercero ya en Nueva York, lo vuelve a salvar Roberto, el cuarto lo asegura Roberto con un relevo implacable, el quinto lo ganan los Dodgers, para forzar el regreso a la ciudad de Los Ángeles, Cipriano quiere ir, no quiere perderse los juegos finales, todos viajan, se da la misma situación de Madera, Mineros iban por solo uno, tal vez ahora la historia sea diferente.

En el sexto Gerrit Cole lleva pelota de dos hits hasta la sexta, nadie le ha llegado a la tercera, sus compañeros le han apoyado con dos carreras, los estibadores con Mark Buehler en la lomita, están en la pelea, en la baja séptima ya con 95 lanzamientos de Cole, Boone jala por Tom Kahnle para que saque la entrada con un ponche sobre la humanidad de Max Muncy, en la octava baja, trae del bullpen a Luke Weaver, que saca los dos primeros outs, pero se descontrola y coloca con dos bases por bolas consecutivas a hombres en segunda y primera, Boone no la piensa más, viene Roberto a un posible salvamento de cuatro outs a enfrentarse a Gavin Lux, con una recta de dedos separados de 96 millas, con un slider 88 y una curva de 86, le receta un espumoso y calientito chocolate, para colocar a su equipo a tres outs de ganar la Serie Mundial.

En la novena con idéntico marcador 2 a 0 a favor de los Mulos de Manhattan, Roberto se va a enfrentar a Mookie Betts, Sohei Othani y Freddie Freeman, en el palco de la familia Orihuela, Cipriano se encoge, casi en posición fetal en su silla de ruedas, Alejandra lo agarra de la mano, Nani va de un lugar a otro, Sabrina la detiene, la pone más nerviosa, Manolo pierde su mirada en la grama del cuadro, Carmela cuida al nieto, Ximena y Pablo Miguel, solo se sientan y besan su cadena con un crucifico, en las gradas la afición latina toma partido, unos corean: “Lets go Dodgers”, otros gritan: “Booooooob”, pareciera que es un abucheo, pero no, es el grito de guerra para impulsar a Roberto, desde que se convirtió en el cerrador de los Yankees, cada vez que llegaba al montículo los fanáticos de los Yankees, empezaban a corear: “Booooooob”.

En la cueva de los neoyorkinos, Roberto se seca el sudor de la frente, nadie se le acerca, su concentración llega al máximo, ya se ha enfrentado tres veces en Octubre a la tanda de la novena, tiene confianza, mentalmente hace una analogía como si estuviera ganando el último set por 5-4, solo tiene que mantener su servicio, el presionado es el rival, el solo tiene que esperar el error…

A Mookie Betts, lo domina con una recta de 94 millas a la esquina de adentro para una rola a segunda, después de siete foules, en cuenta de 2-2 con un cambio que no pasa por la zona de strike, el japonés Othani abanica para el segundo out, cuando regresa la pelota a su guante, Roberto se dice así mismo: “Por favor no la vayas a regar”, Freddie Freeman por el lado de los zurdos es un obstáculo difícil, Austin Wells pide tiempo, va con su batería: “Acuérdate que Freeman es muy seguro que le haga swing al primer lanzamiento, vamos con una bola mala que parezca buena y batalla mucho con el slider, así que vamos a prepararlo para tenerlo con dos strikes para que le lances el slider, Okey?”, con la cabeza asiente, coincide con él.

Así sucedió… lo poncha con un slider de 88 millas a la esquina de afuera, Roberto avienta el guante, espera a Wells para fundirse en los pilares de una pirámide humana, los Yankees son los campeones, Roberto es nombrado el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial… cuando termina la celebración con sus compañeros, va y busca a su familia, Manolo y Pablo Miguel han llevado hasta el terreno de juego a Cipriano en sus brazos, todos se unen en un abrazo, Nani le da el beso más prolongado que haya recibido en su vida, en Parral, una multitud por no decir todo el pueblo, festeja, en Santa Bárbara, en El Oro, en El Valle, en Jiménez salen a las calles, la celebración se oye desde la Sierra de los Azules hasta la Cueva del Diablo.

Cuando terminan las entrevistas, le entregan una camioneta, el trofeo de JMV, Roberto apresurado le dice a su Padre: “Y ahora qué hacemos?, Cipriano pide un papel: “Vámonos a Parral, allá tienes una cuenta pendiente”, “No puedo, mañana hay desfile en Nueva York”, repite su caligrafía: “Pues nosotros nos vamos a Parral, otro día contigo y me da un infarto”.

FIN

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