
El piloto capitalino dejó una huella imborrable durante más de tres décadas de trayectoria, con campeonatos, una racha de 27 victorias consecutivas y el orgullo de ser uno de los primeros chihuahuenses en competir en tractocamiones
El automovilismo de Chihuahua está de luto tras la partida de Charly Gómez Reza, uno de los pilotos que protagonizaron una de las épocas doradas del deporte motor en el estado y cuya trayectoria se convirtió en parte de la historia de las carreras chihuahuenses.
Daniel Coronado / El Heraldo de Chihuahua
Gómez Reza inició su carrera en 1968, en una época en la que el automovilismo estatal comenzaba a tomar forma y a organizarse de manera más estructurada. Un año después, el 20 de noviembre de 1969, se fundó la Asociación de Automovilismo Chihuahua, organismo que impulsó el crecimiento de las competencias y abrió paso a una generación de pilotos que con el tiempo se convertirían en referentes.
Entre ellos apareció Charly, quien comenzó en la categoría Pony para después competir en Estándar, Modificada y Libre. En cada una de estas divisiones consiguió campeonatos, respaldado por una combinación de talento, constancia y habilidad para dominar las pistas de terracería.
Los autos rojos y el número 17 terminaron por convertirse en su sello particular. Con esa identidad, Gómez Reza protagonizó algunas de las carreras más memorables del automovilismo estatal, incluida una impresionante racha de 27 victorias consecutivas, marca que lo colocó entre los grandes exponentes de las pistas chihuahuenses.
Aquella seguidilla llegó a su fin en Cuauhtémoc, ante uno de sus principales rivales, David Andujo. Sin embargo, el resultado de aquella carrera quedó en segundo plano ante una hazaña que permaneció durante décadas en la memoria de los aficionados y que forma parte de los capítulos más destacados de la historia del automovilismo de Chihuahua.
Del polvo al rugido de los tractocamiones
La trayectoria de Gómez Reza no se limitó a las carreras de terracería. También fue uno de los primeros pilotos chihuahuenses en incursionar en la categoría de tractocamiones, un reto completamente distinto por las dimensiones, el peso y las características de estos vehículos.
En el Autódromo Internacional Francisco Villa, escenario que recibió importantes competencias y eventos como las Copas Mustang y Marlboro, Charly volvió a demostrar sus condiciones detrás del volante y amplió una trayectoria que ya lo había convertido en uno de los nombres más reconocidos del deporte motor estatal.
Su paso por los tractocamiones representó también una muestra de la evolución del automovilismo en Chihuahua, pues los pilotos que se habían formado en las pistas locales comenzaron a buscar nuevos desafíos y a participar en categorías diferentes a aquellas donde habían construido sus carreras.
Los logros de Gómez Reza fueron reconocidos a lo largo de los años. Entre las distinciones que recibió destaca el Premio Teporaca como mejor piloto del municipio de Chihuahua, además de su incorporación al Salón de la Fama del Automovilismo, reconocimientos que reflejan el impacto que tuvo dentro del deporte motor.
Sin embargo, su legado trasciende los trofeos y las estadísticas. El número 17 continúa presente en las pistas a través de su hijo, Jorge Gómez, quien porta con orgullo el mismo número que durante tantos años identificó a su padre y que se convirtió en un símbolo de la familia dentro del automovilismo chihuahuense.
Charly Gómez Reza deja una historia marcada por campeonatos, triunfos y grandes desafíos, pero también por una identidad que difícilmente podrá separarse del automovilismo de Chihuahua. Se va el hombre de los autos rojos, el piloto de las 27 victorias consecutivas y uno de los pioneros chihuahuenses en los tractocamiones.
El rugido de sus motores ya no volverá a escucharse en las pistas, pero su historia permanecerá entre quienes vivieron aquella época y entre las nuevas generaciones que encontraron en figuras como Charly el camino para mantener vivo el automovilismo en Chihuahua.





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