
Sábado 3 de octubre, 2026.
El béisbol volvió a recordarme por qué me gusta tanto. Puedes comparar estadísticas, revisar los lineups y señalar favoritos… pero hay que salir al diamante, ponerle madera a la pelota y sacar los 27 outs. Y en octubre, hasta el último puede pesar una tonelada.
Guardians vs. White Sox: el papel no batea.
Para mí, Cleveland llegaba como favorito por el desempeño en la temporada regular, sin embargo, Chicago le colgó nueve argollas y se llevó el juego 3-0. Murakami puso el batazo de dos carreras y el pitcheo de los White Sox dejó a los Guardians con apenas tres imparables. Así es difícil hacer ruido, por muy favorito que seas. Los medias blancas vienen embalados y con ese torpedo japonés en frente, será algo difícil para los de Cleveland
Chicago ya dio el primer aviso. Cleveland tendrá que despertar los bats, porque en una serie corta no puedes pasarte varios juegos esperando que el cartel de favorito produzca carreras.
Tampa vs. Yankees: una carrera, con sello de Tijuana.
Tampa ganó 1-0 y la única carrera salió del bat de Jonathan Aranda. Rasmussen hizo el trabajo desde la lomita: ocho entradas en blanco, un hit y diez ponches. Un tablazo del tijuanense y una joya de pitcheo bastaron para apagar a Nueva York.
Y aquí sí se me sale el orgullo de esta tierra: ¡qué gusto que Aranda haya puesto la firma! Sacársela a los Yankees en octubre tiene un sabor especial. Pero también hay que quitarse la gorra ante Rasmussen: lanzar con una sola carrera de colchón exige brazo, cabeza y nervios de acero.
Dodgers vs. Atlanta: el campeón empezó enseñando los dientes.
Los Ángeles ganó 5-3, con cuadrangulares de Teóscar Hernández, Kyle Tucker y Max Muncy, respaldando seis entradas de una carrera de Skubal. Atlanta se acercó en la novena y alcanzó a llevar la carrera del empate al plato. El campeón ganó, pero tuvo que trabajar el último out.
A mí me parece que ahí está la fuerza de los Dodgers: el batazo puede salir de distintas partes del orden. Eso le complica la vida a cualquier pitcher. Aunque Atlanta también dejó su mensaje: estos Braves no van a entregar el juego nada más porque enfrente esté el campeón.
Brewers vs. Padres: San Diego cayó con las uñas en la raya.
Milwaukee se llevó el primero 3-2. Los Padres estuvieron arriba por dos, Chourio empató con un jonrón y Contreras rompió el empate con otro en la séptima. Los Brewers terminaron sosteniendo la ventaja entre amenazas de San Diego.
Esta es la serie que más cerrada veo. Los Padres tienen con qué responder, pero esos juegos que se escapan por una carrera duelen: te vas al clubhouse repasando cada oportunidad y cada turno. Milwaukee pegó primero; San Diego quedó cerquita, con esa sensación de que el juego estaba al alcance de un batazo.
Al final de la jornada, como cuando se termina una cirugía, después de analizar lo sucedido y los porqué; me quedo con cuatro imágenes: Cleveland con la pólvora mojada; Aranda haciendo ruido por Tijuana; los Dodgers defendiendo la corona; y los Padres peleando hasta la raya.
Por eso me gusta octubre: una sola pelota puede cambiar el juego… y también el ánimo de toda una ciudad.
Bendito beisbol.





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